Infiel

Una amiga vino a sacarme de mi mundo de
tinieblas:
-Deja de
llorar tanto por este hombre, te la jugaba con otra. Desde hace un tiempo se
entendía con la farmacéutica.
Yo nunca
había notado nada. El siempre fue un hombre cariñoso y atento, nunca había
notado nada, era un buen padre, era un buen marido, nunca había notado nada, no
puede ser, era un marido normal, salíamos a pasear, nunca faltaba en casa, me
entregaba todo el sueldo, me hacía regalos, yo nunca había notado nada, no me
faltó nunca al respeto, ni una mala palabra, yo nunca había notado nada, era un
hombre corriente, era respetuoso con sus padres y hermanos, yo nunca había
notado nada…
El mundo se
derrumbó a mis pies. Tuve que dejar de llorar, ya no podía llorar por lo que
lloraba, ahora tendría que llorar por otra cosa, por otras pérdidas, ya no
lloraba por ese hombre, lloraba por otro, yo no conocía a ese ser traicionero y
estaba muerto, muerto como mi dulce pájaro de juventud, muerto como mis
ideales, muerto como nuestro amor, muerto como mi vida, muerto como mi ser,
como mi alma, como mi corazón, muerto como mi cuerpo. Yo estaba muerta y quería
irme a un lugar en el que él no estuviera, donde él no hubiera existido nunca,
donde yo no le hubiera conocido.
Dejé mi
trabajo como encargada de una tienda de ropa y me sumergí en el submundo del
prozac, allí mi mente acorchada, adormecida, aletargada, abducida por los
fármacos no me dejaba pensar, ni llorar, ni gritar, ni vivir, allí flotaba
porque el mundo no me interesaba nada si tenía que enfrentarme a una traición.
La
farmacéutica le ponía todos los días una rosa en su tumba y yo le dije a mi
cuñado que hablara con ella para que no lo hiciera. Ella obedeció sin
rechistar. Esa rosa era una doble bofetada para mí, verla allí de aquella forma
descarada, con ese rojo insultante…
Un día me di
cuenta de que no estaba en este mundo, pero tampoco en el de él. Tiré las
pastillas y me dispuse a vivir. Un hombre comenzó a pretenderme. Me dijo que
estaba separado, que no se llevaba bien con su mujer, pero que vivían en la
misma casa por problemas económicos, pero que no tenía nada con ella, que eran
como hermanos. Esta mujer me llamó
por teléfono una vez y me dijo que qué estaba haciendo con su marido, yo no quise hacerle caso, ya que
él me había dicho que no hacían vida marital, que sólo me quería a mi…
Felicitaciones esta lindo tu blog sigue adelante, por lo general te leo por el rss por el celular y ellos no te permiten dejar comentarios.
ResponderEliminarSigue escribiendo así!
Azucena
Muchas gracias, es alentador que me lea una muchacha de tu edad, pienso que mi blog puede interesar más a gente de mi edad, aunque cuando escribo no tengo edad. He mirado tu blog y me ha gustado mucho, me gustaría seguirte, pero no sé cómo se hace, pues no lo tienes configurado como el mío, de todos modos entraré de vez en cuando a leerte.
ResponderEliminarUn saludo cariñoso