Muertos
En la Casa de Encuentros para Mujeres la sala donde hacemos los talleres estaba cambiada, engalanada para entregar los premios del certamen literario. La mesa estaba cubierta de pequeños ramitos de flores que nos regalaron a las participantes. El ambiente era precioso, dijeron las de la Asociación Rita Caveda que el nivel de las participantes había sido muy alto. Estoy ansiosa por leer las cartas, pues van a publicar un libro con todas ellas y me parece una idea estupenda. Está bien que las mujeres escribamos sobre el amor, porque somos las que más sabemos de ello a través del amor que tenemos a los niños, en algún momento de nuestras vidas -incluso aunque no hayan sido madres- un niño/a nos ha llegado al corazón y nos ha enseñado el amor de manera espontánea y noble.
Ese día poco antes de ir al certamen yo me había imaginado que si me premiaban la carta yo diría unas palabras. Y allí me veía yo soltando un discurso que hubiera comenzado más o menos así:
“Quiero dedicar un pequeño homenaje a mi abuela paterna, de la que creo heredé la costumbre de escribir cartas. Mi abuela fue cartera durante un tiempo. Repartía las cartas en una charré, lo dejó por motivos de salud y porque supongo que no le pagarían mucho. Mi abuela tenía cuatro hermanos que emigraron a Cuba para librarse de la guerra y ella y mi bisabuela estaban siempre esperando a que llegaran aquellas cartas que les traían noticias de sus hijos y hermanos. Mi abuela y mi bisabuela sólo llegaron a volver a ver a uno de los cuatro que emigraron, que volvió por un tiempo, pero que luego se marchó otra vez y ya no volvió más. Cuando estuve en Miami en el año 1998 conocí a una parte de la familia que nunca había visitado España y me llamó la atención el que me contaran gente que no eran familiares directos que siempre estaban esperando las cartas de mi abuela, porque contaba las cosas que pasaban en España de una manera especial. No tengo en mi poder ninguna carta de mi abuela, no sé cómo escribía ella, tal vez alguien de la familia conserve alguna carta de ella que me gustaría recuperar, pero sí es verdad que en mis costumbres se arraigó la necesidad de escribir cartas desde los nueve años. Y llegó el momento en que a tal punto hay cosas emocionales que se heredan, que me enamoré de una carta que me escribió un chico palestino que conocí en Moscú en el año 1977, a donde yo fui a operarme de mi pierna afectada por la polio. El estudiaba medicina y por lo visto se enamoró perdidamente de mí, es verdad que me lo dijo en persona, pero yo no se lo creí. Cuando recibí su primera carta fue tanta la emoción que me provocó que comencé a llorar y a llorar con gran desconsuelo. La carta era preciosa. Una de las cosas que me decía: “Era verano, pero la nieve lo eras tú”, comparándome con la belleza que tiene la nieve en Rusia. Nuestro amor nunca llegó a hacerse materia, era todo soñado, cartas, cartas, me mandaba libros, postales desde donde viajaba por Rusia, fotos dedicadas. Yo le tejí un jersey, él me mandó un pañuelo palestino y una blusa haciendo juego. Estuve casi tres años pensando que alguna vez el vendría y nos iríamos a vivir a Jordania o él vendría a quedarse conmigo, pero lo expulsaron de la universidad y se marchó para su país y nunca más supe de él. La última carta que me escribió se la dictó a una estudiante de medicina hondureña y la chica me contó en persona que él lloraba mientras le traducía la carta. Toda esta historia tenía mucho mérito, porque él la pensaba en árabe, la escribía en ruso y la mandaba traducir al español a los estudiantes de medicina que eran de América Latina. La carta que presenté al certamen está compuesta de una dedicación a mi última relación amorosa y termina con la carta de este muchacho, que me hizo soñar mucho, esperar al cartero con ansias desesperadas y aficionarme a escribir contando mi vida, costumbre que ahora tengo desarrolada gracias al blog, pues para mí esta práctica no deja de ser el seguir escribiendo cartas...”
Otro día pongo la carta que presenté al concurso, me gusta jugar un poco a ser como Seherezade.
Dios Santo, de verdad que parece que hay un muerto en tu casa!!!!!
ResponderEliminarPero me alegro de que no sea cierto, y me alegro de que tu carta no hable de muertos, sino que sea la añoranza del amor que nos estremece lo que la protagonice.
Seguro que me va a conmover...